martes, 9 de noviembre de 2010

El mío no se llama dios (título a definir)


Varias personas que me rodean saben (y con ésto actualizo a los amigos que no) que estaba pasando por un periodo bastante profundo de escepticismo, dudas e introspección.
Simplemente mis pilares de "devoción" cristiana se fueron desvaneciendo como pompas de jabón, dados todos los accidentes que me venían aconteciendo (la violación, la enfermedad renal, la ruptura definitiva con el amor de mi vida) y todas las pequeñas células de circunstancias extrañas que me rodeaban. Mi fe hacia dios, jesús cristo -como ser cristiano evangélico que era- y hacia toda la institución religiosa simplemente se esfumó.

Yo sé que no debo culpar indirectamente a tan grandes dogmas incuestionados por la masa, pero lo que si puedo hacer y que nadie me reclame es fijarme, con mucha atención, con la introspección adecuadada, en las razones originales de mis creencias. Las personalísimas, no las generales.

Me di cuenta que no hay en mi nada concreto como para sostener una fe, que necesita obviamente de mucho soporte, y que simplemente igual sobrevivo a mis novelescas experiencias.

Simplemente, no creo en las iglesias, la palabra (DE QUIÉN???!) y ciertamente no en su origen, llamado cangrejo, dios, el mesías, whatevahh.

Sin embargo, creo firmemente que si hay una fuente de energía tan poderosa que nosotros emanamos de ella. Tal vez esta fuente de energía sea mi dios, solo que yo no voy a etiquetarla, ni mucho menos desacreditar el raciocinio humano inventando excusas de poder.

Gente mía, yo hablo después de ambas experiencias. La no-creencia radical y la devoción en carne ardiente. Es por eso que decidí realmente tomarme un tiempo de reflexión, localizando en él el estadio de mi alma.

Existe si una energía superior a nosotros, y emanamos de ella debido a lo poderosa que es. Todo se armoniza de acuerdo a ella, la naturaleza, la sucesión de los hechos históricos, las cosas positivas y negativas indistintamente. Pero nada más. Tampoco tenemos que renunciar a las experiencias liberadoras porque esta fuerza puede "que se enoje con nosotros". Es más, esta fuerza es tan potente y omnipresente que se impone con cada hecho, cada accionar o posición estática que tomemos.

Esta fuerza no mata, al contrario, da vida.
Esta fuerza no te odia y castiga porque no le agradecés constantemente y le dedicas tu vida reprimiéndote, incluso te recuerda neutralmente que estás aqui en el mundo para algo. Independientemente dependiente a ella.
Esta fuerza no distingue si sos flaco, gordo, negro, blanco, gay, hetero, satánico o cristiano. Igual tu vida se va ordenando en armonía con la fuerza mayor. La diferencia de lo bueno y lo malo se da en las vibraciones personales.
Y sobre todo, esta fuerza ni te odia ni te ama, solo que es tan poderosa que necesita compartirse...

Y es así. Para mi al menos es así, ofenda a quien ofenda, ésta es mi verdad. Sé que está (hay o es) una fuerza superior, pero también sé que mi vida es mía. Así nomas es.-

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